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16.2.14

“Todo aquel que vive bien despierto sueña mucho, tiene una carga onírica particularmente densa. ¿Por qué no creer, entonces, que la relación recíproca es también válida, y que hace falta soñar mucho – es decir, aceptar y asumir los sueños- para vivir cada vez más despiertos? (…) Creo que el hombre debería ir al encuentro de su doble nocturno, desterrado y perseguido, para traerlo fraternalmente de la mano, algún día, y hacerle franquear a su lado las puertas de la ciudad”... (15)

Cortázar de la A a la Z. Álbum fotográfico (Alfaguara).



15.11.12


23.8.12

Hora de la noche al día.
Hora de un costado al otro.
Hora para treintañeros.

Hora acicalada para el canto del gallo.
Hora en que la tierra niega nuestros nombres.
Hora en que el viento sopla desde los astros extintos.
Hora y-si-tras-de-nosotros-no-quedara-nada.

Hora vacía.
Sorda, estéril.
Fondo de todas las horas.

Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada.
Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada,
habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco,
si es que tenemos que seguir viviendo.

Wislawa Szymborska
De "Llamando al Yeti", 1957.
Versión de Gerardo Beltrán.

21.8.12

Canción del insomne

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Todo se vuelve oscuro
y es mentira la luz que nadie ve.
Nos deslumbran, nos ciegan.
Un café.
Es lo que necesito.
No es la sed.
Podré tocar la noche
y no temer su beso de una vez.
Que acudan otros héroes a los sueños:
yo prefiero quemar la lucidez
mientras duren mis párpados. Café.

Andrés Neuman

12.12.10

Cerco

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Ela  Bigail


El mundo está cubierto por una gran tapa colocada ahi por los insomnes; porque intentan impedir la entrada de la madrugaa, en su gigantesco recipiente que resguarda a todos los desadaptados.

13.10.10

El otro día volvió el diablo, me encontró despierta pensando en ti. Como no aprendí a disimularlo, se dio cuenta y aprovechó para atormentarme otra vez, y otra vez, como un grito atrapado dentro de un caracol, que viaja siguiendo un extraño y misterioso camino.
Le volví la espalda, el diablo se metió bajo las cobijas y me abrazó rodeándome sutilmente con crueldad, suspiró y ese airecillo fue tomando forma de tu voz, como un ciento de buitres esperando. Cerré los ojos con furia, tal vez, si cree que ahora estoy dormida se marche. Pero no cayó en mi engaño. Acercó sus labios en mi espalda, y esa sensación húmeda se volvió un gusano recorriéndome el cuerpo.
Durante la tarde no había hecho otra cosa que llorarte, la estancia no podía contener mi angustia, y ahora, ya de noche, todo era dar vueltas y vueltas sobre la cama, el diablo sabe bien como torturarme. Pero que hayan aumentado sus visitas me asusta, sé que algo muy malo está cerca y con el corazón tan débil, no creo poder comprenderlo cuando llegue el momento, si es que llega.
Porque a veces, es sólo el diablo que se aburre...

8.10.10

Abigail Rodriguez Contreras


Quise conjugarte tres veces de distintas formas, para ver si de a poco, las alteraciones más minúsculas de tu arquitectura encallaran fuerte en la árena pálida de tus piernas. Con la prueba quise comprobar la impertinencia de no ceder ante el impulso furioso de la salina fuerza que descubre y retuerce los tejidos desprotegidos de las cáscaras que todas las defensas han dejado horadadas en mi carne.

Inestables del legado caparazón de amor y otras fuerzas inexplorables, yo me rehuso a debilitar mis fuerzas, a vaciarme toda. Ofrecerme hielo a la sal, para unirme fuerte a ella y con un hilo delgado que nos une, yo decido cortar las uniones, aunque me descubra después desarmada, con una caricia de mi propia mano que me cura.

6.10.10

I

Me gustaría decapitar cada pétalo hasta que impacientes, las raíces inicien la sospechada tarea de engullir mis deseos. Trenzando lento el orígen de la separación con cada dedo, las ventanas de carne asoman los gritos que sus dientes, han clavado en las grietas de sus enmicadas formas. 

II

Burda esta la memoria, degrada la palidez de sus espacios blancos, de sus temores que imaginas distorsionados en carcajadas. Victimizar al victimario es ofrecerle carne en el hocico, permitiendo incluso que te muerda los dedos.

III

Esconderás las heridas de los dedos, cubrirás con guantes los vestigios de la sangre y sus internas brumas de llantos cíclicos que te contagiaron en el pasado, morderás para mentir que otros te han mordido, pero los dientes son distintos y hay mentiras que no son verosímiles, simplemente, no lo son.








Que se le ocurre regresar preguntando otra vez cosas que no se pueden responder con palabras. Su imprudencia. Casi casi me pide "enséñame a sentir" y eso no se puede. O seré que yo no le hallo la forma. Le dije que me tuviera paciencia, que yo iba a pensar en un método para que yo le pudiera decir y él pudiera aprender. La verdad es que me da miedo, sé me hace que otra vez se me va a enojar, y se va a volver a ir, y yo ya no quiero seguir chillando. Para pensar menos profundo, o ensoñarme el desvelo, no hubo otra que recurrir al maestro Chavez.

5.10.10


Aunque Javier no la quiere, siente un gran placer cuando duerme en la cama de Ximena. Ni siquiera es que el acto sea meramente reducido a lo sexual, no. Muchas veces, pretextando estar preocupado por su salud, toca la puerta con pequeños golpecillos, que aunque amables, anuncian que con autorización o no, Javier entrará a la habitación. 
Ximena siempre contesta "adelante", con la voz cansada que la enfermedad le ha dejado, esboza una sonrisa de amabilidad al ver a Javier con gesto preocupado, y vuelve a recostarse. Su cuerpo menudo y debilitado se hunde entre los sábanas finas y su cabeza confundida reposa sobre un exceso de almohadas.
Javier, como si de un descuido se tratará, se sienta primero en el borde de la cama  y toma con suavidad la mano de Ximena, ella le pide no preocuparse, confiesa que aunque no se ha sentido mejor, tampoco ha empeorado, y eso es ya bastante.
Javier le pasa el dorso por la frente para averiguar si hay rastros de fiebre y al descubrir a su mujer como si nada, otro día más de fatiga cardiaca y palpitaciones, se sienta un poco más adentro de la cama y recarga el codo sobre el colchón de primera. 
Para estar un poco más cómodo, se afloja el nudo de la corbata, y aprovechando la gentileza de su esposa, deja que sea ésta quien lo libere de la prenda, la cual dobla con sumo cuidado y deposita sobre la mesita de dormir. 
Como Javier sigue nadando cama adentro, Ximena se recorre para hacerle suficiente espacio a su esposo, quien se acuesta por completo sobre la cama con todo y zapatos. Ella vuelve a incorporarse y se deshace ahora del saco. Él aprovecha para sacarse los zapatos como si fuera un niño y los deja caer sobre el suelo alfombrado. 
Como ninguno tiene algo que decirse, vuelven a discutir acaloradamente sobre la decisión de divorciarse, o los resultados mediocres de los últimos negocios emprendidos en la empresa. Ximena admite que no ha hablado todavía con su padre, pero en cuanto éste cumpla sesenta años y de una gran fiesta para sus amigos, tomará valor para sincerarse con él, y anunciarle, sin ningún temor ni deseo de retroceder, que su matrimonio está a punto de disolverse. O Javier termina insultando al padre de Ximena, que siempre encuentra forma de arruinarlo en los negocios, olvidándose de aquello de que "la familia es primero".
Como estos son temas viejos bastante masticados, ambos van adormeciéndose con la rutina. Aunque Ximena está débil todo el tiempo, el primero en dormirse es siempre Javier, que con la ropa puesta, se acurruca sobre el pecho de Ximena, y emite unos resuellos, y esa forma de cerrar los ojitos que... uno creería que es un ángel. Ella, incapaz de cargarlo, se levanta de la cama y del clóset saca un edredón para cubrirlo, luego extiende la mano para apagar la lámpara, y duerme de espaldas a él, quien instintivamente rodea su cintura con los brazos.Ella se mueve poco, él, por el contrario, conforme avanza la noche, va abrazándola más y más, y sin despertar acerca la boca a su oído para repetir "te quiero, te quiero", hasta que amanece. 
Apenas clarea la habitación, Ximena intenta levantarse para comunicarle a la servidumbre las labores del día. El brazo de Javier persiste y se niega a soltarla, aún escapa un "quédate un poco más" y ella no tiene otra que permanecer cinco minutos extras junto a su esposo. Cuando éste termina por despertar y se descubre solo, mira la habitación de Ximena a la que tiene prohibido entrar por orden médica, recoge sus prendas y marcha a su habitación a bañar.
Baja reconfortado por el sueño cálido de anoche, y descubre a Ximena quien lo espera dócil para desayunar. Él alega no tener hambre y no desaprovecha cualquier oportunidad a la mano para hacerla sentir mal, porque su presencia, prácticamente hace mucho que le resulta insoportable. "Eso es lo que pasa si te casas no estando enamorado, sólo porque a los negocios de tus papás les conviene que así sea".   Javier marcha molesto al trabajo, y Ximena llora por los agravios que éste le ha proferido, se aflige de tal modo que su corazón se acelera o paraliza, y es menester que vuelva a la cama a descansar, donde Javier, al volver del trabajo, la encontrará casi dormida.